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| Domingo 16. Florencia |
Iban a ser dos posts más, dado que uno lo iba a dedicar exclusivamente a hablar del hotel 'Palladio' de Montecatini, pero puesto que ya estoy bastante cansado de estos posts y quiero hablar de muchas otras cosas en el blog, pues voy a intentar terminar todo con este post.
Domingo 16. Florencia-Montecatini. Con una resaca de la hostia, abandonamos Roma y nos encaminamos a Florencia en un viaje en bus en el que todo me daba vueltas y se me revolvió hasta el alma. Una vez llegamos allí, nos informan de lo que veremos y que, entre otras cosas, no veremos el 'David' de Miguel Ángel original, ya que hay unas colas de varias horas. Con resignación aceptamos. Visitamos la Plaza del Duomo y de ahí, nos separamos para ir a comer. Tras más de una hora buscando un sitio barato en el que comer, nos rendimos y entramos en uno que me enamoró por su nombre y que me desencantó después: 'Dante e Beatrice'. Entramos, observo aterrado los elevadísimos precios y pido una lasaña. La peor y más pequeña lasaña que he comido en mi vida. Sintiéndonos brutalmente estafado decidimos vengarnos. El plan era hacer un simpa, pero puesto que no nos quitaban el ojo de encima, echamos un par de billetes y decidimos largarnos a la de tres de una manera elegante y discreta. Tres, dos... Y suena por todo el restaurante un "¡que vienen!" tremendamente español. Salimos corriendo.
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| Domingo 16. Florencia |
Terminamos de visitar Florencia con varias visitas más entre las que destaco una catedral que tenía dentro de ella una tienda de regalos. ¿No se supone que Jesús expulsó a los mercaderes del templo? *ejem ejem*
Visto todo esto, no tengo nada que destacar de Florencia. Tras ello, viaje en autobús hasta Montecatini, pueblo de mala muerte donde los haya. Cuando llegamos al pueblo, un señor con peluquín se sube a nuestro autobús e intenta convencer a los profesores durante más de media hora para que se llevase a los alumnos a su discoteca. Retrasamos aún más nuestra llegada al hotel.
Menuda pesadilla de hotel... (al final de la entrada os dejo un mini-review del hotel).
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| Lunes 17. Venecia |
De aquí destacar cómo sacan tajada los bares y restaurantes de las vistas de Venecia (ciudad que, por otra parte, se hunde por momentos... Las casas están "pa'l arrastre", como se dice en mi pueblo). A destacar: en la misma cafetería, un capuchino mirando a la plaza de San Marcos costaba 6 euros más que tomárselo de puertas para adentro de dicha cafetería.
Por lo demás, nada destacable. Volvimos. Cenamos otra vez en aquel horrible hotel en Montecatini, descansé un poco y nos condujeron hacia la discoteca del señor del peluquín. En ella yo aguanté lo que me duró mi consumición. Tras ello, y al percatarme de lo mal que andaba el percal (comenzaba a llenarse de gente de dudosa profesión que luego mis compañeros me confirmaron que eran mafiosos y prostitutas... auténticos. ¡Qué miedo!), abandoné ese sitio y me fui a beber a otro más acorde con mi estilo, no sin antes perderme por allí. Acaba la noche con mis compañeros contándome una gran movida que hubo con algunos de los señores trajeados de dudoso oficio y las señoritas de la noche. Duermo.
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| Martes 18. Pisa |
A destacar algo que me pareció curioso. Corregidme si no es así, pero creo que ni Venecia (porque allí no viven más que del sector hotelero), ni Pisa (por lo enanísimo que es) tienen universidad. Pues bien, en ambos sitios vendían sudaderas de "Universita' Venize/Pisa", al igual que en Roma y Florencia (que sí tenían universidad, obviamente). Tendré que darme una vuelta por mi pueblo, que lo mismo tiene universidad, empiezo a vender sudaderas y me forro.
Posteriormente, muchas horas de bus, muchas horas de esperar al barco, muchas horas de barco, muchas horas de bus y llegada a mi pueblo tras toda esta odisea.
Review 'Hotel Palladio*** (Montecatini)'
[Todo lo que se cuenta aquí es verídico]
Llegamos al hotel y la única persona que he visto que trabajase en el hotel en mis dos días de estancia (el que atiende la recepción) nos hace esperar durante mucho tiempo. Una vez nos reparten las llaves, vamos cada uno a nuestras respectivas habitaciones. La nuestra, resulta ser de las grandes, pues cabemos todos con nuestras maletas. Sin embargo, recibimos más de una queja de otros compañeros que no caben con sus maletas en la habitación.
Mi habitación se componía de dos camas y una litera, la cual no disponía de escalera para subir a ella. En su lugar, nosotros teníamos una silla de jardín para subirnos. Sin embargo, otras habitaciones no tenían ni eso.
Nos informan que este hotel no tiene restaurante y empiezo a sospechar que el tío de la recepción debió chupar pollas a destajo para conseguir esas tres estrellas. Resulta que debíamos ir a otro hotel que estaba al final de la calle, llamado 'Hotel Medici***' a cenar.
Vamos allí y nos sirven una pasta mal cocinada que se te pega a los dientes y que alguno diría que son macarrones. Y de segundo, algo que parecía carne en descomposición. En el frutero nos habían dejado un par de frutas oxidadas. Y de beber, agua del grifo que, me jugaría el cuello a que no pasaría ni el control de calidad de agua potable en el España.
Nos quejamos de la calidad del agua a una camarera en el mejor italiano del que disponemos (célebre la frase de @josmrr "aqua de la fontanna del grifo"). La camarera comienza a gritarnos de mala manera, lo cual no hace si no acrecentar mi indignación. Cuando termina de gritarnos, consigo entender un "si queréis agua, vais al bar a comprarla". Continuamos tratando de digerir la comida tercermundista y vuelve la camarera con un vaso de plástico, se echa agua y se la trata de beber. En su cara detecto que no le gusta a ella tampoco. Se va.
Cuando llegamos al hotel, se nos advierte de que no encendamos el aire acondicionado, ya que las máquinas están llenas de polvo y corremos riesgo de contraer alguna enfermedad respiratoria.
Al día siguiente, nos despertamos y vemos que la señora que la noche anterior estaba sirviendo en el Medici, limpiando en el Palladio.
Por la noche, cuando volvimos de Venecia, deseosos de darnos una ducha, nos encontramos con que no nos han cambiado las toallas. Bajan a recepción y el tipo de recepción comienza a alegar que "esta no está sucia", "todavía se puede usar", "no veo dónde está lo sucio de esta"... Todo de la manera más ruda y maleducada de la que pudo hacer gala.
Tras esto, fuimos a cenar al Medici otra vez y tenían los mismos macarrones, solo que esta vez, entre los macarrones recalentados nos encontramos algunos TOTALMENTE CRUDOS. Muy desagradable.
Como podéis imaginar, acabé hasta el nardo. Por ello, y puesto que el agua de la jarra era de la "fontana", decidimos echarle unas moneditas dentro de la jarra pidiendo el deseo de no volver a ir nunca jamás al hotel Palladio de Montecatini.
Insisto, si alguna vez vais por allí, ni os hospedéis en el Palladio, ni comáis en el Medicci, ni hagáis caso a un señor con peluquín, os llevará a una discoteca con prostitutas y mafiosos. Huid de ese pueblucho.
Mañana, os pondré todas las compras de este mes en foto, tanto las italianas como las españolas.















