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domingo, 23 de junio de 2013

De cómo mi periplo italiano acabó en barcos y putas. Parte III

Domingo 16. Florencia
Iban a ser dos posts más, dado que uno lo iba a dedicar exclusivamente a hablar del hotel 'Palladio' de Montecatini, pero puesto que ya estoy bastante cansado de estos posts y quiero hablar de muchas otras cosas en el blog, pues voy a intentar terminar todo con este post.

Domingo 16. Florencia-Montecatini. Con una resaca de la hostia, abandonamos Roma y nos encaminamos a Florencia en un viaje en bus en el que todo me daba vueltas y se me revolvió hasta el alma. Una vez llegamos allí, nos informan de lo que veremos y que, entre otras cosas, no veremos el 'David' de Miguel Ángel original, ya que hay unas colas de varias horas. Con resignación aceptamos. Visitamos la Plaza del Duomo y de ahí, nos separamos para ir a comer. Tras más de una hora buscando un sitio barato en el que comer, nos rendimos y entramos en uno que me enamoró por su nombre y que me desencantó después: 'Dante e Beatrice'. Entramos, observo aterrado los elevadísimos precios y pido una lasaña. La peor y más pequeña lasaña que he comido en mi vida. Sintiéndonos brutalmente estafado decidimos vengarnos. El plan era hacer un simpa, pero puesto que no nos quitaban el ojo de encima, echamos un par de billetes y decidimos largarnos a la de tres de una manera elegante y discreta. Tres, dos... Y suena por todo el restaurante un "¡que vienen!" tremendamente español. Salimos corriendo.
Domingo 16. Florencia
Terminamos de visitar Florencia con varias visitas más entre las que destaco una catedral que tenía dentro de ella una tienda de regalos. ¿No se supone que Jesús expulsó a los mercaderes del templo? *ejem ejem*
Visto todo esto, no tengo nada que destacar de Florencia. Tras ello, viaje en autobús hasta Montecatini, pueblo de mala muerte donde los haya. Cuando llegamos al pueblo, un señor con peluquín se sube a nuestro autobús e intenta convencer a los profesores durante más de media hora para que se llevase a los alumnos a su discoteca. Retrasamos aún más nuestra llegada al hotel.
Menuda pesadilla de hotel... (al final de la entrada os dejo un mini-review del hotel).

Lunes 17. Venecia
Lunes 17. Venecia-Montecatini. Terrible la paliza en bus y terrible el calor que hacía. Dimos una vuelta en vaporetto hasta la plaza de San Marcos y de ahí, empezamos a dar vueltas buscando la sombra. Creo que no había pasado tanto calor en mi vida... ¡Y soy de Extremadura! (que aquí, el verano en el que no se llega a los 45º es raro).
De aquí destacar cómo sacan tajada los bares y restaurantes de las vistas de Venecia (ciudad que, por otra parte, se hunde por momentos... Las casas están "pa'l arrastre", como se dice en mi pueblo). A destacar: en la misma cafetería, un capuchino mirando a la plaza de San Marcos costaba 6 euros más que tomárselo de puertas para adentro de dicha cafetería.
Por lo demás, nada destacable. Volvimos. Cenamos otra vez en aquel horrible hotel en Montecatini, descansé un poco y nos condujeron hacia la discoteca del señor del peluquín. En ella yo aguanté lo que me duró mi consumición. Tras ello, y al percatarme de lo mal que andaba el percal (comenzaba a llenarse de gente de dudosa profesión que luego mis compañeros me confirmaron que eran mafiosos y prostitutas... auténticos. ¡Qué miedo!), abandoné ese sitio y me fui a beber a otro más acorde con mi estilo, no sin antes perderme por allí. Acaba la noche con mis compañeros contándome una gran movida que hubo con algunos de los señores trajeados de dudoso oficio y las señoritas de la noche. Duermo.
Martes 18. Pisa
Martes 18/Miércoles 19. Pisa-Civitavecchia-Barcelona-¡A CASA!. Como despedida, viajamos hacia Pisa donde a penas estamos una hora. Vemos la famosa torre inclinada y ya está.
A destacar algo que me pareció curioso. Corregidme si no es así, pero creo que ni Venecia (porque allí no viven más que del sector hotelero), ni Pisa (por lo enanísimo que es) tienen universidad. Pues bien, en ambos sitios vendían sudaderas de "Universita' Venize/Pisa", al igual que en Roma y Florencia (que sí tenían universidad, obviamente). Tendré que darme una vuelta por mi pueblo, que lo mismo tiene universidad, empiezo a vender sudaderas y me forro.
Posteriormente, muchas horas de bus, muchas horas de esperar al barco, muchas horas de barco, muchas horas de bus y llegada a mi pueblo tras toda esta odisea.

Review 'Hotel Palladio*** (Montecatini)'
[Todo lo que se cuenta aquí es verídico]
Llegamos al hotel y la única persona que he visto que trabajase en el hotel en mis dos días de estancia (el que atiende la recepción) nos hace esperar durante mucho tiempo. Una vez nos reparten las llaves, vamos cada uno a nuestras respectivas habitaciones. La nuestra, resulta ser de las grandes, pues cabemos todos con nuestras maletas. Sin embargo, recibimos más de una queja de otros compañeros que no caben con sus maletas en la habitación.
Mi habitación se componía de dos camas y una litera, la cual no disponía de escalera para subir a ella. En su lugar, nosotros teníamos una silla de jardín para subirnos. Sin embargo, otras habitaciones no tenían ni eso.
Nos informan que este hotel no tiene restaurante y empiezo a sospechar que el tío de la recepción debió chupar pollas a destajo para conseguir esas tres estrellas. Resulta que debíamos ir a otro hotel que estaba al final de la calle, llamado 'Hotel Medici***' a cenar. 
Vamos allí y nos sirven una pasta mal cocinada que se te pega a los dientes y que alguno diría que son macarrones. Y de segundo, algo que parecía carne en descomposición. En el frutero nos habían dejado un par de frutas oxidadas. Y de beber, agua del grifo que, me jugaría el cuello a que no pasaría ni el control de calidad de agua potable en el España.
Nos quejamos de la calidad del agua a una camarera en el mejor italiano del que disponemos (célebre la frase de @josmrr "aqua de la fontanna del grifo"). La camarera comienza a gritarnos de mala manera, lo cual no hace si no acrecentar mi indignación. Cuando termina de gritarnos, consigo entender un "si queréis agua, vais al bar a comprarla". Continuamos tratando de digerir la comida tercermundista y vuelve la camarera con un vaso de plástico, se echa agua y se la trata de beber. En su cara detecto que no le gusta a ella tampoco. Se va. 
Cuando llegamos al hotel, se nos advierte de que no encendamos el aire acondicionado, ya que las máquinas están llenas de polvo y corremos riesgo de contraer alguna enfermedad respiratoria.
Al día siguiente, nos despertamos y vemos que la señora que la noche anterior estaba sirviendo en el Medici, limpiando en el Palladio.
Por la noche, cuando volvimos de Venecia, deseosos de darnos una ducha, nos encontramos con que no nos han cambiado las toallas. Bajan a recepción y el tipo de recepción comienza a alegar que "esta no está sucia", "todavía se puede usar", "no veo dónde está lo sucio de esta"... Todo de la manera más ruda y maleducada de la que pudo hacer gala.
Tras esto, fuimos a cenar al Medici otra vez y tenían los mismos macarrones, solo que esta vez, entre los macarrones recalentados nos encontramos algunos TOTALMENTE CRUDOS. Muy desagradable.

Como podéis imaginar, acabé hasta el nardo. Por ello, y puesto que el agua de la jarra era de la "fontana", decidimos echarle unas moneditas dentro de la jarra pidiendo el deseo de no volver a ir nunca jamás al hotel Palladio de Montecatini.

Insisto, si alguna vez vais por allí, ni os hospedéis en el Palladio, ni comáis en el Medicci, ni hagáis caso a un señor con peluquín, os llevará a una discoteca con prostitutas y mafiosos. Huid de ese pueblucho.

Mañana, os pondré todas las compras de este mes en foto, tanto las italianas como las españolas.

sábado, 22 de junio de 2013

De cómo mi periplo italiano acabó en barcos y putas. Parte II

Sábado 15. Roma
Continuamos nuestro periplo de barcos y putas.
Sabado 15. Roma. Con toda la mañana libre, mi objetivo estaba claro: encontrar una librería aparente para comprar algo de manga en italiano (al igual que ya tengo de Francia y Suecia, de mis respectivos viajes anteriores). Así pues, nuestra odisea comenzó en plaza del Popolo, donde soltaron a esa jauría de hormonas que me estaba acompañando en el viaje y a los/las cuales se les hizo el coño limoncello en cuanto vieron una tienda de Gucchi o alguna de estas típicas marcas carísimas de la muerte.
Así pues, pasé de todo esto, secuestré a algunos amigos que no pusieron demasiadas pegas y nos pusimos en marcha en pos del frikismo. Y así fue como nos recorrimos prácticamente la mitad de la capital itálica:
Click para ampliar
Sábado 15. Roma
En el mapa que arriba os ofrezco, he intentado reproducir lo mejor que he podido el recorrido. La línea roja es el recorrido hasta que encontré una librería decente que no vendiese solo Narutos y chorradas varias. Comenzamos en Plaza del Popolo (círculo de arriba), damos toda esa vuelta y, tras más de dos horas y hasta el nardo, le pregunto a un Carabinieri cerca de Plaza Navona (segundo círculo rojo) que dónde había una librería grande (en mi perfecto inglés). Nos da las indicaciones y vamos hacia allí, llego, me enamoro de ese lugar, compro (ya veréis en el último videoblog de todos lo que compré), y decidimos buscar algún sitio donde comer (línea azul). Hasta el nabo de no encontrar nada barato o que no estuviese lleno, nos vamos a la otra punta de Roma, a un Burguer King y comemos. Allí le prometo a mi amigo nanci @Josmrr invitarle a un helado, siempre y cuando me dejase decirle lo que yo quisiese al heladero. Abandonamos el lugar rumbo al monumento a Victor Manuel II para, posteriormente, ir al Coliseo, no sin antes pasar por una heladería para que yo practicara mi italiano pidiendo "un gelato de stracciatella per la bella ragazza" (un helado para la chica guapa, señalando a Jose, un chaval que llevaba días sin afeitarse xDDD ).

Sábado 15. Roma
Vemos el Coliseo, damos una vuelta en autobús por toda Roma, subimos a un mirador (en donde había una estatua de Garibaldi a caballo, con unos testículos perfectamente moldeados) y llegamos al hotel para cenar. Justo entonces vi una de las imágenes más patéticas que he visto en mi vida. El camarero, un señor trajeado nos sirve la comida. El primer plato fue un arroz duro e incomible. El segundo, carne misteriosa y como guarnición, patatas fritas... ¡de bolsa! (rollo Lays). Se nos acerca el camarero (insisto en lo de trajeado), con una bandeja llena de patatas fritas Lays (o sucedáneo) y nos las comienza a servir cogiéndolas con una cucharilla, sin variar su gesto. 
De verdad, que un señor trajeado te sirva Lays con cuchara es lo mejor que podéis ver en vuestra vida (xDDDD).

Tras todo esto, subo a mi habitación y como de las provisiones que tenía guardadas, para poder cenar algo. Me ducho y salimos de fiesta por Roma. Nos dirigen a un zulo insano en el que no cabíamos los 60 que éramos. Me escabullo como puedo con unos compañeros y nos vamos a festejarlo por nuestra cuenta. Bebí, bebí y volví a beber. Pruebo por primera vez los chupitos de tequila (deliciosamente divertido fue aquello). Y bueno... Acabé como veréis en el vídeo (si me tenéis un poco de respeto, no lo veáis, es bastante patético):

Continuará

viernes, 21 de junio de 2013

De cómo mi periplo italiano acabó en barcos y putas. Parte I

Miércoles 12. Barcelona
Muchas horas de bus, muchas horas de barco, muchas horas de andar sin rumbo fijo por ciudades desconocidas pasando un calor inconmesurable... Este tipo de viajes son así, y la verdad es que con este estoy especialmente contento, aunque no deje de tener la sensación de que me han estafado allá donde he ido... Solo os diré una cosa: si alguna vez pasáis por Italia NI OS ACERQUÉIS A MONTECATINI.
Dicho esto, procedo a narrar día a día las distintas anécdotas que me gustaría compartir con vosotros.

Miércoles 12. Barcelona. Llegamos tras más de 10 horas de bus (qué asco) y comenzamos a contar esteladas. Al llegar a las 50 esteladas, nos cansamos. Tras visitar el precioso Parque Güell, nos ponemos camino al paseo de Colón (en bus). Durante el trayecto, nuestro señor tobusista casi se come una furgoneta, a bordo de la cual iba un señor gitano. Quejas, reclamaciones, parte al seguro, policía y varias horas perdidas en no hacer nada. En el momento en el que nos montamos otra vez en el autobús, una imagen espectacular (a la par que asquerosa): somos testigos de cómo una paloma, en pleno vuelo, se convierte en tortilla.
Sin más, nos vamos hacia Maremagnum (donde un señor nos rapeó el evangelio), comemos en un McDonalds y nos damos un paseo por las ramblas y canaletas hasta la hora de embarque. En medio de este periplo, entro en Casa del Llibre a cotillear qué tenían por allí. Como no llevo nada para el soporífero viaje, compro el tomo único 'Rohan en el Louvre', el cual leo esa misma noche en el camarote.
Jueves 13. Mar Mediterráneo.
Jueves 13. Barcelona-Civitavecchia-Roma.
En el barco íbamos acompañados de unos 200 ó 300 moteros, que se dirigían a una concentración de Harley Davidson en Ostia (Italia). [Por lo que se ve, salió en las noticias como el Papa bendijo algunas motos y todo.]
Nos inflamos a comer guarrerías (dulces, snacks, chocolate, etc). Duermo como un bendito hasta que uno de mis compañeros de camarote escucha, sobre las 11 de la mañana, una alarma de emergencia y nos despierta diciéndonos una frase épica como pocas: "¡poneos los pantalones, que pasa algo!". Resultó ser un simulacro. Volvemos a dormir. Despertamos y nos vamos a la cubierta de tranquileo. Nos sentamos a charlar con unos amigos/as mientras pasamos entre Córcega y Cerdeña (vista impresionante).
Llegamos a Civitavecchia al son de "En un puerto italiano al pie de la montaña" (aunque no estuvieramos seguro de si decía "puerto" o "pueblo" en la original). Bajamos del barco y pasamos los controles pertinentes... Todos menos uno. Ese uno se tiene que volver a España por narcotráfico. Todo esto nos retrasa un par de horitas.
Jueves 13. Roma
Viaje movidito en bus y llegada a Roma. Comenzamos a ver cosas desde el autobús fascinados: el río Tíber, el famoso barrio de fiestras Trastebere, la cúpula de la basílica de San Pedro, etc... Llegamos al hotel y nos sirven una pasta normalucha que, para el hambre que teníamos, cumplió su función, y una carne misteriosa.
Tras ello, salida nocturna por Roma: Fontana di Trevi, monumento a Víctor Manuel II y la llama del soldado desconocido, foros imperiales y Coliseo. Precioso. Volvemos. Dormimos pocas horas.

Viernes 14. Roma. ¡La sagrada granada de mano!
Viernes 14. Roma-Ciudad del Vaticano. La mañana siguiente tocó madrugar (como todos los días desde entonces). Y no veas como pega el sol en Roma desde las mismísimas 9 de la mañana... Terrible. Cogemos el metro hasta Plaza de España y de allí, volvimos a la Fontana di Trevi, tras lo cual visitamos el Panteón (precioso aunque demasiado cristianizado) y la Piazza Navona.
Comemos en una pizzería con mucho encanto: la mejor pizza de mi vida y una jarra de cerveza helada. Tras ello, vamos andando hasta el castillo de Sant Angello, preludio de la visita a la plaza de San Pedro, Museos Vaticanos y Basílica.
A partir de aquí es brutal la cantidad de vendedores que encontré. Cada cuatro pasos (contados y verídicos), te encontrabas con un inmigrante tratando de venderte unas gafas, un gorro, parasol, bebida u objetos estúpidos varios. Resulta increíble como el cansinismo del que hacían gala todos estos vendedores ha conseguido arruinar la experiencia entera de visitar Roma (y posteriormente lo mismo con Florencia y Venecia). Simplemente asqueroso.
Viernes 14. Ciudad del Vaticano.
La visita a los Museos Vaticanos, increíble. Uno se siente abrumado de tanto arte y no deja de pensar qué ocurriría si ese edificio fuese derribado... ¡Cuántos millones se tirarían a la basura!
Bellísimas obras de arte, entre las que destaco la genial 'Escuela de Atenas' y, como no, la 'Capilla sixtina'.
Tras esta preciosa vista, nos dirigimos a la Basílica de San Pedro, a la cual decido entrar cogido de la mano de mi querido amigo @TheLastDreamerr, comenzamos a hacer el idiota en el interior de la Basílica y la gente nos mira mal. Pasaron un par de señores con alzacuellos y alguna que otra monja, que se nos quedaron mirando con malas caras... Tras unos minutos así, se nos acercó un señor de traje, muy serio, cambió su cara y nos hizo un sonido parecido al que se emite cuando en un parque se quieren ahuyentar palomas. Se nos obliga a quitarnos la mano y continua la visita.
Volvemos al hotel, cenamos más pasta y carne misteriosa y dormimos sin más.
Continuará
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